Entrevista a Sara y Jaac: Salta conmigo

Por el 20 agosto, 2014
Salta conmigo - Upitravel

Sara y Jaac, Jaac y Sara, unos aventureros natos que decidieron, en un momento de genial relevación, dejar todo lo que hacían y lanzarse a la aventura de recorrer mundo sin más, disfrutando de cada destino, de cada experiencia y dedicando a cada ciudad y país el tiempo necesario para conocerlo a fondo. No sólo les interesa conocer los monumentos, también a sus gentes, sus tradiciones y, por supuesto, su gastronomía.

Llevamos tiempo siguiendo sus aventuras en su blog, Salta Conmigo, pero ahora que están de vuelta, hemos querido conocer algo más de esta licenciada en comercio internacional y márketing y de este ingeniero informático, pero en su faceta más viajera.

¿Quieres saber qué nos han contado? Pues sigue leyendo, porque te vas a sorprender, y mucho, con algunas de las cosas que nos cuentan.

Vuestro gran sueño comienza dejando vuestro trabajo en Madrid y poniendo rumbo a Sudamérica y Antártida, ¿cómo llegáis a ese punto y a lanzaros a la aventura?

Siempre nos había gustado viajar (ya habíamos pisado los cinco continentes antes de este viaje) y dedicábamos a este “hobby” todo el tiempo que podíamos en las vacaciones, pero siempre sentíamos que no era suficiente, que no conseguíamos conocer los sitios como nos hubiera gustado, y que nos faltaba algo. Así que decidimos dedicarle más tiempo y no tener las ataduras que un trabajo impone.

Siendo Licenciada en comercio internacional e Ingeniero informático, ¿qué os aporta en a nivel profesional viajar de esta manera?

Creemos que una experiencia como ésta ayuda a desarrollar aptitudes personales como la flexibilidad, la capacidad de negociación, la gestión del riesgo y del estrés… Cualidades que son útiles en cualquier trabajo.

Es una experiencia de vida que también es una experiencia de crecimiento personal.

A quienes se lo estén planteando, ¿qué presupuesto tienen que tener de partida? ¿Hay alguna manera de ir financiándose una vez puestos en marcha?

Hay desde quienes tienen presupuestos muy bajos, como 6 dólares al día, durmiendo en casas de gente que se encuentra en el camino o se mueven haciendo autostop, hasta los que se gastan una fortuna durmiendo en hoteles de lujo o haciendo excursiones privadas. Pero se puede hacer tranquilamente con un presupuesto inferior a 20-25 euros al día. Depende del país, de qué se haga, etc. pero normalmente los viajes de larga duración son más baratos: se tiene más tiempo para elegir los transportes más baratos, para regatear los precios, para viajar en temporada baja…

La forma más común de financiarse en el camino es trabajar, por ejemplo en hostels, en granjas… También se puede trabajar a cambio de estancia y comida. En nuestro caso no lo hicimos, no trabajamos durante nuestro viaje.

Volviendo a vuestra gran aventura, ¿en qué momento decidís que Sudamérica debe ser el destino y por qué?

Teníamos pensados dos posibles destinos: Latinoamérica y el Sudeste Asiático. Al final nos decidimos por Latinoamérica, porque era un poco más caro y podíamos permitírnoslo en ese momento y por el tema del idioma: para nuestro primer viaje largo entendernos con los locales nos parecía una gran ventaja.

Al final, por cuestiones de tiempo –para llegar a la Antártida en el verano austral–, nos quedamos sólo con Sudamérica, dejando Centroamérica para otro(s) viaje(s)…

¿Qué sensaciones os habéis traído de este viaje?

Muchas y muy variadas. Son muchos países, muchas experiencias, muchos paisajes espectaculares, muchas personas increíbles… Resumirlo sería imposible.

Después de un año y una semana, ¿qué es lo que más habéis echado en falta?

Nada, la verdad. Hay muchas cosas que echamos en falta ahora que estamos en casa, pero en ruta no echamos nunca nada en falta.

¿En cuántas ciudades latinoamericanas habéis estado durante este tiempo?

La verdad es que no las hemos contado, además, depende un poco de qué se entienda por ciudad, a partir de qué tamaño… Menos en Caracas, hemos estado en todas las capitales de Sudamérica y en otras grandes ciudades como São Paulo, Río de Janeiro, Guayaquil, Salvador, Recife, Medellín, Curitiba, Belén, Manaos…

¿Cómo os habéis movido? ¿En avión, tren, coche?

Ninguna de las anteriores 😉 Nos hemos movido casi siempre en autobús. Aunque también hemos cogido algunos barcos –incluido el de la travesía del Amazonas– y hemos hecho algo de autostop –por ejemplo en la Carretera Austral Chilena–. Sólo hemos cogido un par de trenes turísticos y dos aviones, para ir y volver a Isla de Pascua desde Santiago de Chile, en el año de viaje.

En este tipo de viajes, ¿qué es lo que hay que llevar cerrado desde el origen? ¿dónde entra la improvisación?

Nosotros sólo llevábamos “cerradas” las primeras dos noches de hotel, a parte del billete de avión de ida, claro. En un viaje largo lo mejor es dejarlo todo a la improvisación.

Consejos de la gente del lugar, de otros viajeros, inspiración en libros o revistas, descubrir una fiesta o ceremonia, tener ganas de descansar…: todo puede cambiar de un día a otro.

Eso sí, fuera de la preparación de la ruta, lo que sí que hay que tener es un buen seguro de viaje. Lo mejor que se puede decir de un seguro de viaje es que no lo has usado nunca, pero hay que tenerlo.

Normalmente si se viaja a Sudamérica, se suele ir a las capitales o las ciudades más turísticas. ¿Podéis recomendarnos tres ciudades fuera de ese circuito y que se han convertido en imprescindibles para vosotros?

Si tenemos que ser sinceros, las ciudades no fueron ni de lejos el punto fuerte de nuestro viaje por Sudamérica. Lo mejor, sin duda, lo paisajes y la gente. Pero, si tuviéramos que elegir sin escoger ciudades más turísticas como Buenos Aires o las capitales, diríamos Curitiba, en Brasil, por sus espacios verdes y ritmos tranquilos; Córdoba, en Argentina, por su patrimonio, su rica vida cultural y la comida; y Trujillo, en Perú, por su pasado colonial y preincaico y, también, por la comida.

Habéis recorrido 10 países, ¿cuál es el que más os ha sorprendido? ¿de cuál esperabais más de lo que habéis encontrado?

Los que más nos han sorprendido, por lo desconocidos que son, son Ecuador y Brasil. De ambos se conoce muy poco: las Galápagos del primero y la samba, el carnaval y Río del segundo. Pero tienen muchísimos rincones desconocidos, desde desiertos que se inundan a volcanes pasando por playas idílicas y cacaotales. Además, en Brasil encontramos la gente más acogedora de todos nuestros viajes por el mundo: es un placer viajar por el país sólo para conocer su gente.

También habéis estado en numerosos lugares de Asia y Europa, ¿qué definiría a cada uno de los continentes? ¿cuál trata mejor al turista?

Definir un continente es muy complicado: ¿pueden Italia y Noruega o Rusia y Japón definirse en conjunto? Es complicado… Lo que sí es verdad es que si en Sudamérica los paisajes nos fascinaron, de Europa y Asia –aunque siguen teniendo paisajes impresionantes– son la historia y el arte lo que siempre lo han hecho.

Los templos jainistas en la India o los budistas en Bután o en Japón, la arquitectura griega o romana, el crac de los caballeros en Siria, las catedrales góticas, las maravillas del Renacimientos, las mezquitas de Estambul, Petra…

Si tuvierais que decir un único sitio al que volveríais con los ojos cerrados, ¿cuál sería?

Brasil, ¡ahora mismo!

Después de un año viajando, ¿cómo se afronta la vuelta a casa? ¿qué es lo mejor y peor de la vuelta a la rutina?

La vuelta a casa es lo peor del viaje. Ves que todo sigue igual, que nadie comprende tu experiencia ni le interesa porque, como es normal, ha seguido con su vida. Ves que no sabes cómo enfocar tu vida después de una experiencia tan importante… ¡horrible!

De bueno diríamos que hay muy poco, aunque, en realidad, todavía no hemos vuelto a la rutina, ya que no estamos trabajando (estamos decidiendo “qué hacer de mayores”).

Viajar en pareja a veces puede convertirse en un verdadero tormento, ¿qué ha sido lo más fácil y difícil para vosotros y qué consejos le daríais a cualquier otra pareja?

Diríamos que lo mejor es darse espacio para hacer cosas individualmente pero nosotros, en realidad, no hemos seguido este consejo y, aún así, nos ha ido fenomenal. Imaginamos que no hay una fórmula mágica que valga para todos.

En nuestro caso, pensábamos que podría hacerse duro ya que en Madrid, trabajando, pasábamos junto unas tres horas al día y en el viaje teníamos que convivir las 24 horas… Pero, a parte alguna pequeña y comprensible discusión todo fue genial.

Al fin y al cabo, ambos estábamos cumpliendo nuestro sueño…

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