Una vuelta al pasado

Por el 27 marzo, 2014
Altamira - Upitravel

Desde que reabrieran las Cuevas de Altamira hace poco al público, son muchos los interesados en poder visitarlas.

Quizás es uno de los atractivos más destacados de Cantabria, pero desde luego, no es el único. Cantabria es la meca del arte prehistórico y Altamira es sólo una muestra de ello.

Las Cuevas de Altamira

Con más de 270 metros de recorrido y salas de hasta 12 metros de altura y 20 de ancho, la cueva estuvo habitada hace 18000 años. Lo cierto es que un accidente en la cueva, cuando se desplomó su propia entrada, selló este enclave dejando dentro uno de los tesoros más valorados de la Historia del Arte.

Siglos después, en el XIX de nuestra era, Marcelino Sanz de Sautuola, aficionado a la paleontología, contra toda creencia en la época, se aventuró a decir que los descubrimientos pictóricos que se encontraban en la cueva, eran prehistóricos e incluso paleolíticos. Pero no fue hasta que se descubrió en Francia Dordoña, a finales del mismo siglo, cuando la comunidad internacional reconocío que no estaba equivocado.

Conocidas ya en todo el mundo, las pinturas del Gran Techo, que consisten en la representación de animales, sobre todo bisontes, caballos y manos. En muchos casos es dificil poder seguirles el rastro e incluso datarlas ya que unas se superponen a otras, pero lo cierto es que si hay algo que ya queda claro tras los años, es que se trata de pinturas del periodo Magdaleniense.

Hacia la llamada Cuarta Sala, está uno de los bisontes más famosos, el que está perfilado en negro con carbón, pero es ya hacia el final, en la Cola de Caballo, cuando se encuentran las llamadas máscaras, las rocas que, dotadas de ojos, simulan y recrean rostros.

Otros enclaves prehistóricos en Cantabria

Las Cuevas del Monte del Castillo, en Puente Viesgo, muestra una evolución desde el Paleolítico Inferior hasta la Edad de Bronce y contienen más de 150 figuras catalogadas y otras muchas que aún están en proceso de estudio. En su entrada destacan las figuras de unas ciervas grabadas con acabados rayados para darles volumen. Aunque la representación más antigua es la de las manos, sopladas con pigmento rojo. En este mismo enclave también está la Cueva de las Monedas, las Cuevas de la Pasiega y las Chimeneas, donde destacan los grabados realizados sobre el barro con los dedos.

La Cueva de Covalanas, en Ramales de la Victoria, aunque de dimensiones mucho más pequeñas que las nombradas anteriormente, contiene algunas representaciones que, aunque deterioradas, merecen una gran consideración artistica gracias al uso de la técnica del tamponado o punteado, dando lugar a dibujos compuestos por líneas de puntos.

La Cueva del Pendo, en Escobedo de Camargo, ya muestra dibujos de animales pintados con óxido de hierro de color rojo, extraído de la misma cueva. Se relacionan con las de Covalanas, con ciervas de hocico similar y realizadas mediante tamponado, pero lo cierto es que en este caso están  mucho más trabajadas.

La Cueva de Sopeña, en Miera, se encuentra en una de las ubicaciones más altas de Cantabria. En ellas se puede visitar un campamento paleolítico, para hacerse a la idea de las condiciones en las que vivían nuestros antepasados y labores como la fabricación de útiles y armas.

Además, esta última cueva tiene también un valor geológico añadido gracias a las estalagtitas y estalagmitas de la Sala de la Gran Colada.

La Cueva de La Garma, en Ribamontán al Mar, es una de las más relevantes que existen ya que sigue tal cual la dejaron los últimos habitantes de la misma  allá por el Paleolítico superior. Con más de 500 figuras y manos que se remontan al Auriñacense, aún queda mucho por investigar en ella, incluidos niveles inferiores que podrían ser datados en otras épocas.

Dicho esto y puesto que en Cantabria hay en la actualidad más de 50 yacimientos con pinturas rupestres, aunque se cree que este número irá ascendiendo de aquí al futuro, más allá de las rutas naturales que esta maravillosa tierra ofrece, también hay que tener en cuenta que el lema de Cantabria Infinita, nunca fue más cierto.

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