El valle de Ledro, cerca del lago de Garda pero lejos del bullicio

Por el 30 septiembre, 2021

Florian Sanktjohanser (dpa)

El lago de Ledro está ubicado en un valle lateral al lago de Garda, en el norte de Italia, pero poco tiene en común con el célebre destino turístico.

Allí, la gente prefiere el senderismo y recorrer la zona en bicicleta. Y en vez de bares y clubes nocturnos, hay un museo de palafitos y mucha tranquilidad.

Para llegar desde el lago de Garda, se puede subir en bicicleta por el sendero Ponale, solo se ascienden un par de cientos de metros de altura. Una relajada excursión de medio día, al menos en una bicicleta eléctrica.

Y al final de tanto esfuerzo, luego de todas las curvas por los acantilados que ofrecen vistas fabulosas del lago de Garda, parece como si se cruzara una frontera invisible hacia otro país.

La temperatura baja en este valle en altura. Alrededor del lago de Ledro no crecen pinos ni palmeras, sino abetos y hayas. Y el barullo del centro vacacional de Riva parece estar a un mundo de distancia.

El valle se extiende «desde los limones hasta el edelweiss», dice Natalia Pellegrini. Porque va desde la desembocadura del arroyo Ponale hasta el Monte Cadria, de 2.254 metros de altura.

Según explica la funcionaria de la oficina de turismo local, los visitantes llegan especialmente para practicar senderismo y ciclismo. También para bañarse en el lago de aguas turquesas y sin el viento que suele soplar en el lago de Garda. La experta aclara que aquí no hay vida nocturna.

Desde comienzos de la pandemia, el valle es invadido los fines de semana por visitantes del lago de Garda, afirma Anna Maria Santolini, quien opera una pensión en la localidad de Locca.

La mayoría de quienes visitan por el día el lugar pasean por el sendero circular de diez kilómetros de largo que rodea el lago de Ledro cerca de la orilla. Otros deciden escalar al refugio de Pernici o al paso de Tremalzo, o caminar hasta Madonnina di Besta.

El corto recorrido hasta el típico lugar de la foto -la estatua de la Virgen frente a un lago turquesa- se ha «convertido en una especie de peregrinación», dice Santolini.

«Pero allí donde se hace más difícil y hay que sudar, a menudo no se cruza nadie a lo largo de todo el día», asegura.

En el valle de Ledro no hay teleféricos que acorten la subida, por lo que el camino hasta la cima es largo.

La caminata tal vez más hermosa es la que recorre la cresta de un pico de la montaña al otro y que se hizo conocida especialmente por la carrera Skyrace, que antes de la pandemia de coronavirus reunía a unos 500 corredores de montaña.

Pio Pellegrini compitió en las ediciones de 2016 y 2017. El atleta tiene 65 años y una operación de corazón por delante, pero aún así se mantiene vigoroso y atlético.

El lugareño insiste en acompañar a su hija Natalia en la caminata por el sendero de la cresta.

A través de un camino serperteante, los Pellegrini suben por la mañana hasta un aparcamiento cerca de Malga Trat. Allí comienza un camino popular hacia el pico panorámico Cima Pari. Los lugareños lo llaman el «camino de las vacas».

Padre e hija suben sin prisa por la montaña, con escaso bosque. Al borde del sendero brillan las adelfillas o epilobios, los lirios y las orquídeas en variaciones de color rosa y lila. «En mayo, aquí todo es blanco y violeta, con narcisos y peonías», dice Natalia Pellegrini.

A la derecha, se abre la vista al macizo del Monte Cadria. Pronto se llega a ver todo el arco que recorre la cresta entre los picos de montañas, un anfiteatro de roca y bosque. «La corona del Val Concei», dice Pellegrini.

Su padre recoge una pequeña piedra. «Plomo», dice. «Una astilla de proyectil de la Primera Guerra Mundial».

El frente austriaco corría justo por aquí, los italianos estaban al otro lado del valle en el Monte Tremalzo y el Monte Corno. Las huellas de la guerra están por todas partes en estas montañas, búnkeres, emplazamientos de cañones, abolladuras de impactos de proyectiles en las laderas de los prados.

A través de arándanos y rododendros, una escarpada subida lleva hasta Cima Pari. Media docena de cernícalos vuelan en el cielo, al sur se ve la península de Sirmione y al norte se elevan entre las nubes las torres rocosas de los Dolomitas de Brenta.

En la pradera a lo alto, un rebaño de ovejas se acerca lentamente. Han elegido una buena ruta. El sendero de la cresta que ahora comienza es el punto culminante del recorrido. Nada impide la vista panorámica del lago de Garda y del lago de Ledro.

La caminata es animada y fácil, con subidas y bajadas. Los claveles rosas salpican ahora la espesura verde, una imagen apacible. A pesar de toda la belleza, solo hay unas pocas personas en este sendero.

El camino sobre la cresta no está marcado por el Club Alpino Italiano (CAI). Esto se debe a que el CAI también tiene que mantener en estado los caminos marcados.

Sin embargo, es difícil perderse en el sendero por la pradera. En algún momento, una cruz torcida de ramas indica que se ha llegado a la segunda cumbre.

Pero la cruz oficial de acero de la Cima d’Oro está hormigonada en un afloramiento rocoso sobre una cara escarpada. Tal vez porque la profunda vista del reluciente turquesa del lago Ledro es aún más encantadora desde aquí.

El pico se llama Cima de Oro porque es el último en ser iluminado por el sol al atardecer.

La naturaleza permanece aquí en estado salvaje, pese a que el valle de Ledro ha estado poblado desde tiempos inmemoriales.

Lo demuestra de forma impresionante la que probablemente sea la atracción más famosa del valle de Ledro, el Museo de los Palafitos, que es Patrimonio Mundial de la Unesco desde 2011, junto con otros más de 100 sitios similares.

En 1929, cuando se redujo el nivel del agua del lago para la construcción de una central eléctrica, los científicos descubrieron un bosque de palafitos. Al final, llegaron a contabilizar 12.000, según afirma Anna Maria Santolini, que guía regularmente a los visitantes por el museo.

Las vitrinas exhiben una asombrosa cantidad de hallazgos de esta aldea del Neolítico, entre los que se destacan dagas y diademas de bronce, cuencos, copas y ánforas decoradas con líneas onduladas. También se halló un collar de ámbar del mar Báltico, un trozo de pan fosilizado y un cinturón de lino conservado por el silicio del barro.

Los científcos reconstruyeron cuatro palafitos (como se llama a las construcciones sobre pilotes) para ayudar a los visitantes a imaginar cómo era una aldea en aquella época.

En 2012 se volvieron a encontrar puntas de sílex cuando los jabalíes destrozaron un prado en las montañas. Se logró determinar de qué epoca era el hallazgo a través de los restos de una antigua fogata, que indicaron que el campamento de caza tenía 10.000 años de antigüedad.

«Esto demuestra que, incluso en la Edad de Piedra, los cazadores y recolectores se movían por nuestros pasos de montaña», dice Santolini. Es muy posible que subieran desde el lago de Garda por el arroyo Ponale hasta el valle. ¿Les gustaba tanto como a los turistas de hoy en día?

Para llegar al valle de Ledro se puede viajar en tren hasta Rovereto, desde allí en ómnibus, pasando por Riva del Garda hacia el lago de Ledro.

La mejor época para realizar senderismo es en la primavera y el otoño. A partir de mayo comienzan a florecer las flores de la zona y todo toma otro color.

Se puede pernoctar en varios hoteles y pensiones alrededor del lago de Ledro. En la zona también funcionan cinco campings.

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