Cangas de Onís, de antigua capital del reino de Asturias a concejo más visitado

Por el 26 marzo, 2020

Cuenta la leyenda que tras la batalla de Covadonga, allá por el año 722, el ejército astur de Don Pelayo se enfrentó a las tropas de al-Ándalus, obteniendo la victoria. Una victoria que le permitió situar la capital del reino de Asturias en Cangas de Onís, uno de los más bellos y visitados concejos del Principado.

Y es que, tal y como comentan desde la Casa Rural Santu Colás, “pese a que el grueso de nuestros visitantes llegan aquí para hacer turismo, muchos se muestran sorprendidos al descubrir que la principal actividad económica en el concejo es precisamente el turismo. Cuando uno les explica que tanto el Santuario de Covadonga como los lagos pertenecen a Cangas de Onís, la sorpresa inicial desaparece”.

Más de 2000 de las hectáreas de Cangas de Onís forman parte del Parque nacional de Picos de Europa, dentro de las cuales se halla el conjunto monumental de Covadonga, formado por la Santa Cueva de Covadonga, el Monasterio de San Pedro, la Basílica de Santa María la Real de Covadonga, así como por una explanada en la que se encuentran un museo, un obelisco, una estatua de Don Pelayo, la Casa Capitular y la Campanona, una campana de tres metros de altura y 4000 kilos de peso construida en el año 1900.

A tan solo 12 kilómetros de distancia se encuentra uno de los parajes mundialmente conocidos por los amantes del ciclismo, los lagos de Covadonga. El Enol, el Ercina y el Bricial, este último solo en época de deshielo, no defraudan a todos los que se acercan para contemplarlos y disfrutar de un entorno idílico.

“Dentro del concejo destaca además el conocido como Puente Romano o Puentón, que en realidad data de la Edad Media, y que es uno de los símbolos de Asturias y, por supuesto, de nuestro concejo”.

El Puentón, situado sobre un archiconocido río Sella, separa Cangas de Onís de Parres, por lo que su propiedad es compartida a partes iguales por ambos.
Este es, por lo tanto, uno de esos lugares que posee una atmósfera especial, que presenta una estampa única en cada estación, que hace que cualquiera se sienta pequeño ante una majestuosa madre naturaleza que supo poner en Asturias mucho mimo.

No obstante, y aunque pocas veces unos pulmones reciban aire más puro que el que recibe cualquiera de los que aquí se hallen, no solo de aire vive el hombre. Afortunadamente la gastronomía de asturiana nunca defrauda.

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